Los soles


Felicidad es la tierra insana en la que retumba el eco de una melodía, es un joven que canta con la mirada (de ciervo o de un festín de aves). Son días que no inspiran nada, sólo un viento alocado que revolotea los cabellos que huelen a pasto y a rigor.
Más de un sueño abierto que termina en el siguiente sueño y empieza en el mismo; son formas de reconocerse en otro.
No me inspiran esos momentos que no tienen mañana ni tienen nunca, son ratos que no dejan alma para escribir porque son espíritu y son cuerpo y son padre y son madre y son hijo y son el fruto de tu vientre y son todas las canciones de amor juntas en un verso.
Pero hay manera de describirse -esto es- bajo un recuerdo (vago, porque efectivamente son como cuentos que se cuentan y al final nadie sabe realmente como pasó) sensorial la mayor parte de las veces, de cuando un niño besó a su madre o de como cada uno de nosotros miró al sol en otro lugar que no fue el cielo.

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